jueves, 17 de enero de 2008

Por fin algo bueno en un noticiero colombiano

Ayer, miércoles 16 de enero de este año que ya se comenzó a acabar, en el noticiero del mediodía del canal Caracol, en la sección que año a año dedican a los “útiles inútiles”, y en la que comentan las peticiones supuestamente absurdas de los colegios y escuelas, pusieron en la lista de despropósitos la siguiente solicitud de un colegio: diez clásicos de la literatura universal. Periodista y padre de familia se mostraban sinceramente sorprendidos por la petición, y comentaban: ¿para qué diablos se necesitan tantos libros? Y tienen toda la razón. Guardamos la esperanza absurda de que ahora que los noticieros se dedican a deplorar los clásicos, entonces la muchachada les coja gusto (a los clásicos).

6 comentarios:

Lucaz dijo...

Es pura envidia, la mayoría de los que hacen esos noticieros no terminaron la primaria. Por ej. Andrea Serna.

Manuel dijo...

La estupidez, evidentemente universal, con textura colombiana. Un asco.

FRANCO dijo...

Los clásicos son libros que todo el mundo conoce, pero que nadie lee (la cita es atribuida a Mark Twain pero, como decíamos en otro foro que le endilgan tantas cosas a tanta gente... ¡Vaya usté a saber!)

Camilo Jiménez dijo...

¡Diez libros! Calamidad. "¿Para qué los libros?", decía el bambuco...

Qué bueno conocer la lista. Si el noticiero fuera del Canal Uno seguro pondrían "Mis primeros cuarenta años", de Jorge Barón. Todo un clásico.

m dijo...

"HACE UNOS MESES, visitando institutos de enseñanza secundaria en Andalucía, más de un periodista local me preguntó si era recomendable -y por lo tanto pedagógico- obligar a leer a los adolescentes. Así, en frío, uno siempre quiere contestar que no es partidario de obligar a nadie a nada, pero como esa pregunta ya me la han formulado muchas veces, respondí que ya estaba bien de hacernos sentir culpables a los escritores, humanistas y profesores de letras. ¿Por qué nadie le pregunta a los profesores de ciencias si es bueno obligar a un adolescente a simplificar polinomios, sumar exponentes, factorizar radicales, resolver ecuaciones y descifrar logaritmos? A mí me obligaron –incluso- a estudiar números que ni siquiera eran reales.
De entrada me parece injusto crearle un problema de conciencia al profesor que le exige a sus alumnos memorizar un soneto de Garcilaso, mientras que nadie pone en entredicho que los elementos de la tabla periódica deben de ser memorizados con sus respectivos símbolos, columnas y pesos atómicos correspondientes. Hay más escrúpulos a la hora de obligar a los alumnos a leer, que a la hora de obligarlos a paporretear fórmulas, valores y cadenas moleculares. ¿No hay en realidad un prejuicio contra las humanidades y un menosprecio a los conocimientos históricos, literarios y filosóficos? ¿Por qué se promueve la falaz persuasión de que la única y verdadera inteligencia es la matemática?
Siempre he creído que hay una aptitud verbal y una aptitud numérica, así como existe una aptitud musical y otra plástica. Algunos individuos pueden atesorar de manera simultánea varias de esas aptitudes, pero no necesariamente desarrollarlas todas por igual, así como hay personas del todo negadas para las ciencias, el dibujo, la música y las humanidades. ¿Por qué la demostración de un teorema tiene que suponer más elaboración intelectual que la traducción de un verso de Horacio? Yo admito que ambas operaciones puedan ser igual de bellas, luminosas y perfectas, aunque yo mismo sea un discapacitado numérico y un minusválido matemático.
Toda la vida me costó aprobar las asignaturas de ciencias, tanto en la secundaria como en la universidad, porque ni siquiera en la facultad de letras me libré de cursar una asignatura de matemáticas que era obligatoria para todas las especialidades de humanidades. Mas no por ello rumio rencores contra las ciencias y más bien admiro a matemáticos ilustres como Lewis Carroll y Bertrand Russell. ¿Acaso el mismo Borges no proponía constantemente juegos y paradojas de naturaleza matemática?
Qué maravilla, ser escritor y poder ayudar a los hijos a sacar raíces cuadradas, simplificar inecuaciones y calcular la aceleración de un móvil que se desplaza sobre un plano inclinado rugoso (¡Dios mío! ¿Por qué encima «rugoso»?). Hace años me obligaron a estudiar todas esas cosas y seguro que mis maestros creían que hacían lo correcto. ¿Entonces por qué a los escritores, humanistas y profesores de letras nos acusan de practicar el «acoso textual» cuando exigimos leer? Hay gente que está a favor de las ciencias exactas, pero no de la exactitud"

de fernando iwasaki.

Apelaez dijo...

Y bueno, lo publicaron en el malpensante