sábado, 8 de diciembre de 2007

Reserva del sumario: Rafael Barrett

Gregorio Morán ha rescatado en un libro recientemente publicado por Anagrama la figura de Rafael Barrett, nacido en 1867 y muerto en 1910. Un escritor delicioso e increíblemente olvidado. Dice en la contracarátula:

«El único libro que llegó a publicar en vida fue Moralidades actuales. Luego se editaron antologías y recopilaciones de sus obras, desordenadas e incompletas. De padre inglés y madre española, a los veinte años se trasladó a Madrid para estudiar ingeniería. Atractivo, culto y adinerado, además de estudiar el joven Barrett se dedicó a disfrutar las posibilidades que le ofrecía el Madrid castizo y bohemio a finales del siglo XIX. Frecuentará salones literarios y mujeres de mala vida y se verá involucrado en más de un duelo (asunto de honor por el que sentía enfermiza atracción). Sin embargo, a raíz de un delirante altercado con el influyente duque de Arión, Rafael Barrett se vio obligado a exiliarse en Paraguay, país en el que se casó y donde desarrolló la mayor parte de su brevísima producción literaria (artículos y aforismos que fueron apareciendo en diversos periódicos) ».

El texto que causó el asombro de Morán e inició su búsqueda es el siguiente, que le fue leído por un amigo en una conversación telefónica:

«Mientras no poseí más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel.

Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y de dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llenó para mí de presuntos ladrones y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecían criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario.»


Un par de Epifonemas de Barrett que Morán usa como epígrafes de sendos capítulos:

«El agradecimiento. Tenía el bandolero un trabuco, dos pistolas, un cuchillo de monte, y en el camino a nadie se veía.
Le di el reloj, los gemelos, el alfiler de corbata y cuanto dinero llevaba. No se contentó, y le di mi traje, mi sombrero y mis zapatos. Pero también le gustó mi ropa blanca.
Al alejarme, desnudo, le dije con los ojos llenos de lágrimas de gratitud:
–¡Le debo la vida!».

«Jack—. Después de haber degollado a su víctima, la arrancó los pezones y la abrió el vientre. Le sorprendí en esta última ocupación.
–¿Por qué hace usted eso? –le pregunté.
Levantó sus ojos, estragados de literatura, y me contestó:
–¡Por la gloria!».


Ahora que las editoriales publican cualquier cosa y que los sindicalistas exigen lo mismo, nosotros exigimos que alguien, por lo que más quiera, reedite a Barrett.

Gregorio Morán, Asombro y búsqueda de Rafael Barrett, Anagrama, 2007. ¡Ah!, se nos olvidaba: lo compramos en la librería Libélula, en Manizales.

6 comentarios:

Lucaz dijo...

Los cínicos -y no lo digo como adjetivo moralizante- han adobado la historia de la literatura con mucho salero, incluso por interpuesta persona...remember Joyce y Kennedy Toole.

Anónimo dijo...

Lamentable este libro de Morán, lleno de pedantería y de errores, que pretende negar el anarquismo de Barrett contra el propio Barrett, que habla más de sus intrascendentes anécdotas personales que de la obra de Barrett y que cree haber descubierto el Mediterráneo.
Hay van dos enlaces con mis comentarios publicados sobre el libro, para quien quiera tener una información veraz y contrastada:
http://www.abc.com.py/articulos.php?pid=391658&sec=14
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=1907_52_605653__Opinion-Complejo-Adan-Asombro-busqueda-Rafael-Barrett-Gregorio-Moran

Anónimo dijo...

Otros dos comentarios publicados sobre este lamentable libro, cuyos disparates no han pasado desapercibidos:
http://www.lacoctelera.com/reggio/post/2007/12/26/aadescubrir-barret-guillermo-rendueles-la-nueva
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=63063

Carlos A. y Pablo R. dijo...

Gracias, Francisco, por tus comentarios. De todos modos, el libro de Morán fue muy importante para nosotros, porque nos descubrió a Barrett. Y eso siempre se agradece, como dice un amigo del blog.

Anónimo dijo...

Sin duda es un mérito el que haya servido para que algunos lectores se acerquen a Barrett. Pero en internet, por ejemplo, hay disponible (muchos años antes del "descubrimiento" de Morán) bastante información rigurosa con textos de Barrett que cada uno puede leer directamente sin falsificaciones: http://www.ensayistas.org/filosofos/paraguay/barrett/
http://85.52.193.109/barrett/

Anónimo dijo...

Este periodista Gregorio Morán debe ser un genio. ¡Mira que venir a descubrir un escritor del que están publicadas hasta las obras completas! Es que hay tente "pa to".